Respuestas a una pregunta.
¿Cuándo piensas escribir sobre tus viajes, sobre tus recuerdos?
Todo recuerdo es una mentira. No hay recuerdo objetivo, no hay recuerdo que refleje una realidad aséptica. Desde el momento en que un hecho pasa a formar parte de tu bagaje mental, estás vistiendo tu recuerdo con sensaciones, intereses y fantasía. Mucha fantasía.
No comparto la idea general que afirma que el tiempo tiende a dulcificar los recuerdos, a quitarle a la realidad la capa desagradable que la envuelve. Las peores etapas de mi corta vida las sigo recordando como amargas. Poniéndome en un extremo irracional, (ya sé), nunca escuché la muerte de un ser querido entre carcajadas, o una enfermedad, un accidente de coche, ni siquiera una visita al dentista como si fueran un chiste.
De modo contrario, los recuerdos que vienen a mi presente con una sonrisa fueron, en realidad, buenos. Creo que el ser humano tiene una molesta tendencia a despreciar el momento, a dramatizar y desaprovechar su tiempo. Y por ello, hechos que en realidad son gratos se viven como fatales para después, recordarlos alegre con la tradicional coletilla de “entonces no nos reíamos, pero recuerdas cuando…”. Son las anécdotas que uno escucha sobre depósitos de gasolina vacíos, personajes que pasaron por tu vida o comidas exóticas.
El recuerdo es siempre exagerado, minimizado o corregido por el que lo vivió contigo. Error. El recuerdo es tuyo, sólo tuyo. Además, probablemente, ese recuerdo no será el mismo unos días después. Porque el recuerdo evoluciona respecto a la realidad y respecto a sí mismo. El recuerdo cambia dependiendo del ambiente y la compañía en el que se le haga retornar, de la necesidad de tenerlo presente. Es el recuerdo, así pues, una mentira al cuadrado, una mentira evolucionada, una historia irreal sobre un fondo vivido.
El recuerdo, por lo tanto, cuanto más lejano, más fantástico se va volviendo. Y sin embargo, más real.
Precaución con los recuerdos que vienen sin ser llamados, y más todavía a los que no se dejan salir nunca… Los recuerdos hay que airearlos de vez en cuando para que no se vuelvan oscuros y dañinos.
Ojo a los recuerdos que comienzan por un “me acuerdo perfectamente de…”. Ese momento, sin duda, supuso algo especial sentimentalmente para el narrador, por lo que esa anécdota debe ser tomada con la veracidad que en realidad tiene. O no. Porque qué es en realidad un recuerdo si no lo que significa para el que lo posee. Qué es un recuerdo si no las sensaciones que te transmite.
En fin, recuerdos.
Se me pregunta cómo lo pasé. En mi boca aparecen un bien y una sonrisa. Se me pregunta si lo recomiendo, si lo volvería a hacer. A mi boca vienen un no y una sonrisa.
Escribiré, y que cada uno lea lo que quiera. Porque todo es mentira, mi mentira.
Ya te pusiste a escribir? ;-)
ResponderEliminar